Un ser humano puede resistir hasta donde sale lesionado. Mucho más allá de lo que cree posible resistir, la vida nos lo demuestra una y otra vez.
Una vez un hombre me dijo: "ata a tu perro por las noches, con una cuerda no muy larga,y con algo de hambre, por la mañana le sueltas y le acaricias y le das un bocado muy rico. Tu perro te adorará".
Ni le respondí. Amo demasiado a mi perro para hacerle sufrir con el único fin de que me adore. Mi trabajo con él es que me quiera mientras es feliz. El síndrome de Estocolmo no es mi objetivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario